Muerte de mi vida
Muerte de mi vida, Muerte, bendita muerte, como fiel acompañante, me ves desde tu frío, viejo y negro sillón, cómoda en tu singular misión y abandonada en la rutina te acercas a mí otra vez tomando a mi hijo como mensajero, que al encontrar el amor te encontró también en el eco de sus besos y abrazos. Me llamas a tu encuentro y respondo con obediencia. Susurras a mi oído palabras que no entiendo, me llamas, me empujas, me pinchas el corazón con tu afilada guadaña y, sonriendo otra vez, te reconozco, me acerco y me inclino ante ti, eres tan mártir como yo, tan sola como yo, tan simple como yo, que creo que tú eres yo y soy yo tú. Fina muerte, ayer te vi, eras la luz, el humo, las miradas. Estabas dentro y estabas fuera, en mi piel, en mi sangre, en mi hijo, con él, sin nosotros y por un momento me dio miedo, te desconocí. ¿Dónde nos conocimos y dónde nos olvidamos? ¿Acaso no hay muerte entre nosotros? Juventud y alegría juntas, promesas que matas cada...