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Mostrando las entradas de septiembre, 2020

La gitana entrometida

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  En el centro del pueblo vivía una viuda, ni tan joven, ni tan vieja. En cuanto murió su esposo, compró una boutique para damas con la indemnización del seguro de vida que tenía contratado su marido. En los tiempos muertos de su tienda, recordaba lo que fue su vida al lado de ese hombre. Siendo casi niña, a los quince años, su vecino viudo se apalabró con sus padres, quienes recibieron una casa a cambio de consentir que ella se casara con el vecino. La diferencia de edad no importó a sus padres, aunque fuera de más de veinte años. Al menos, pensó, me dejó un dinerito para poner mi negocio, a cambio de veinte años de encierro en una jaula, de insultos y agravios. La ahora viuda, se esmeraba por tener en su boutique ropa de moda, fina y elegante para las señoras adineradas. Era buena haciendo que sus clientas se sintieran bien, les hablaba de forma especial. La buscaban más por la conversación que por la ropa que vendía. Se vestía de forma discreta y elegante, de este modo causaba a...

Tu recuerdo.

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Duermo, sueño del alma, duermo y muero a la vez, muero y sueño como niña, dulce y sola a la vez, no hay promesa justa que me haga vivir, ni abandono que me haga morir. Golpeando con suave toque cada letra, como abismo me sospecha, como sueño me aprisiona, lenta y dolorosamente, las promesas abortadas, los hechos consumados, las voluntades extraviadas. El cuerpo que se olvida, el cuerpo que se impone, los olores, las desdichas, los tormentos del ego insultado por la fugaz estrella del deseo, el pesado plomo de la realidad que me encarcela en sutil velo.  ¿Por qué no tengo eso que a los otros les sobra para jugar el juego? ¿Por qué?  Porque no lo quiero. Elijo el trago que abraza en lugar del dulce engaño muerto. Elijo la luz que hace sombra.  Elijo tu recuerdo. Isabel De la Torre

Tus alas, tu voz.

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Imagen: " LA SILLA EMPTY ", por la artista Patty Fleckenstein En el silencio de tu voz encuentro pedazos de vida olvidados,  abandonados entre cicatrices maquilladas de madurez,  entre amarguras vencidas por la fuerza del amor.  De tu recuerdo escapo,  para que no duela,  porque se vuelve sordo el golpe,  en pecho y garganta,  porque las canciones que entonabas, hoy cincelan en mi oído,  recordando mi fría orfandad.  Tuvo que venir la muerte para mostrarme en tus ojos cerrados,  la valentía por vivir,  legado que dejas,  en las almas de los cuerpos que sembraste.  Tuvo que venir la muerte para llevarse necedad, soberbia  e ignorancia, dejarme ver el oculto valle de tu esencia. La última mañana, sentadas en la azotea,  hablamos tonterías,  espulgándonos el alma y la espalda,  en la simpleza de la realidad de esta vida.  Debajo de las ramas del árbol que creció conmigo, con tus manos ancianas, servis...

Delirios de grandeza

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Durante muchos años guardó ese documento que acreditaba su mayor logro. No tenía idea de que estaba completamente obsoleto. A nadie le interesaba que había sido un héroe desconocido. Aunque no le servía para nada, Sergio, atesoraba aquel papel viejo que lo hacía sentir importante,  a pesar de que durante muchos años  pasaba  sus vacaciones en la sierra enseñado a leer y a escribir a los niños, quienes le recibían con mucha alegría.  La noche anterior se permitió compartir con un viejo amigo, que estaba de vacaciones en la ciudad, lo que ese documento tenía escrito. Nunca se lo mostraba a nadie. Era casi sagrado. Encorvados sobre el tablero del auto, se esforzaron para poder leerlo, iluminados apenas con la luz de la lámpara de la esquina de la calle. Luciano no supo qué decirle, se quedó mucho tiempo contemplando el pedazo de papel arrugado, medio roto y amarillento. Tomó un suspiro y con delicadeza dijo que no veía bien lo que decía, que de un tiempo acá, sus lentes...