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Revelación (Microrrelato)

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Mientras enjabonaba las axilas de las blusas para echarlas a la lavadora, decidió cómo iba a morir para evitarles problemas a sus hijos. Puso hervir jamaica, sirvió una copa de vino, al primer sorbo, se dio cuenta de que no se ponía triste por sus hijos, sino porque le gusta vivir. Isabel De la Torre Mayo 2025

Cállate si quieres participar

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Diste un nombre, diste tu carne por dentro y por fuera, diste tus horas, tu sed no saciada, tus deseos postergados, tu figura entregada al desgaste. Le levantaste de la muerte. Le espantaste demonios. Con todos tus errores, le hiciste ser lo que él es ahora. Le evitaste  dolores, le abriste camino, le dejaste vivir su vida… y un día, la criatura te escupe: “Cállate si quieres participar.” Frente al espectáculo vergonzoso, donde tu criatura arrastra su dignidad por el suelo, dices con firmeza: — La confianza se gana. Y es cuando escupe: — Cállate si quieres participar. Ahí muere la maternidad. Se rompe en pedazos. Caduca. Porque ya no te necesitan, porque sólo te permiten existir si no dices verdades incómodas, si callas tu verdad, si disimulas y aceptas sumisamente. Si agachas la cabeza ¡mejor! Quedas atrapada en la paradoja: madre silenciada o mujer indómita. No estabas preparada para esto. Te descompones, gritas, destruyes. Pero en ese grito surge algo más: la mujer salvaje, que ...

Muerte de mi vida

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Muerte de mi vida, Muerte, bendita muerte, como fiel acompañante, me ves desde tu frío, viejo y negro sillón, cómoda en tu singular misión y  abandonada en la rutina te acercas a mí otra vez tomando a mi hijo como mensajero, que al encontrar el amor te encontró también en el eco de sus besos y abrazos. Me llamas a tu encuentro y respondo con obediencia. Susurras a mi oído palabras que no entiendo, me llamas, me empujas, me pinchas el corazón con tu afilada guadaña y, sonriendo otra vez, te reconozco, me acerco y me inclino ante ti, eres tan mártir como yo, tan sola como yo, tan simple como yo, que creo que tú eres yo y soy yo tú. Fina muerte, ayer te vi, eras la luz, el humo, las miradas. Estabas dentro y estabas fuera, en mi piel, en mi sangre, en mi hijo, con él, sin nosotros y por un momento me dio miedo, te desconocí. ¿Dónde nos conocimos y dónde nos olvidamos?  ¿Acaso no hay muerte entre nosotros? Juventud y alegría juntas, promesas que matas cada...

Me soñé sábila.

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  Me soñé sábila.  Desde mi centro brotan pétalos nuevos en una espiral infinita, como carrusel a veces, como rehilete otras, buscando la luz del sol.  A veces me cae una plaga, una es blanca, otra negra, nido de animales que se buscan la vida a mis expensas y se acomodan en mi centro. Los venenos que las matan, matan también algo de mí.  No moriré en partes, no dejaré que me colonicen. Espinas tengo como advertencia, para ahuyentar a los dañinos elementos. Florezco en verano. Renazco infinitamente como esas constelaciones de estrellas que giran obedeciendo a una ley silenciosa, desconocida e inquebrantable. Me deshago de las hojas viejas que se adelgazan, amarillas, secas, duras, espinas peligrosas, las entrego a la negrura de la tierra, como esqueletos, hasta desaparecer. Atesoro el acíbar de mi esencia, suave, transparente y nutricia, medicina generosa para todo mal, sanando a unos y a otros. Si me hieren, un temporal veneno como lágrimas deshecho, como tinte para...

Besos indecisos para una tarde gris.

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La tarde gris que me envuelve, la luz que mengua en su afán, el hambre de versos, de letras,  conjuran siluetas y recuerdos. Los futuros olvidados,  los anteojos perdidos,  los besos indecisos, los abrazos sostenidos. La frontera como labios, escondida en el remanso, suave crispamiento repetido, señorío del placer. Cánticos sublimes, incomprendidos para el resto, convulsiones tejidas con alientos, dos líneas, un reencuentro. Culminación del pasado, desconocido en su suerte, de pasos frecuentados, de versos inconscientes. Explosiones esperadas, inciertas a veces, notas divinas, estallidos insolentes. Toque suave, las yemas, mis dedos, sobre tu pecho retozando, tu corazón vibrando. La gracia de la vida, ansias diligentes, sensaciones remanentes de un amor lejano, evidente. Murallas traspasadas, creencia mutiladas, sueños de almas,  alientos enlazados. Instante preciso, amor indefinido, carne irreverente, espíritu furtivo. Vigoroso crispamiento, espíritu, beso, ansias, ...

Ser mujer hoy.

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  Imagen: Ninfa Torres Lagunes, México. Mi papá decía en los 90’s que ya venía la era de Acuario, la era de la mujer, que qué bueno que ya se iba a morir. Quisiera saber si lo decía por su machismo escondido o por no querer vivir la revolución social que está causando que las mujeres desempeñemos puestos como alcaldezas, ambientalistas, presidentas, doctoras, etc. y el costo familiar que conlleva.  Aunque conocí a su madre, mi abuela Concha, no puedo recordar su voz, menos su forma de ser, sólo puedo imaginarla cuando contemplo su foto, llevaba un sencillo vestido largo y oscuro, con mangas hasta las muñecas, el cabello atado en un pequeño chongo en la nuca, con sus manos tomadas entre sí y la cabeza inclinada mirando al suelo como si hubiera perdido algo. Conservo aún algunas de sus carpetitas tejidas y un mantel bordado.  Creo que si alguna vez tuvo algún deseo personal, se lo arrebató la revolución mexicana y tejía y bordaba para darle sentido a su mundo y para mitigar...

Voces de Mujeres

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Tres meses antes de cumplir los quince años, sentada en el borde de mi cama, con una luz tenue en el buró y mi primer hijo en brazos, recién salidos del hospital, estábamos solos por primera vez. Tenía todos mis sentidos puestos en él. Era una cosita tan pequeñita, tan suave, tan perfecta, sus ojitos rasgados que le ganaron el mote de “Chino”, su calorcito y su olor a nuevo.  Yo no podía con tanto, ese pedacito de corazón cálido y consistente a quien ya amaba, pero que no sabía ni siquiera cómo alimentar ni cómo bañar, iba a crecer y se haría un hombre, sí ¡un hombre!. Mirándolo fijamente, un llanto silencioso se unió a mi respiración agitada y a la cruel incertidumbre sobre mi tarea materna y mi vida. No podía abrir los ojos y despertar, ya lo había intentado, pero no era un sueño.  Todos los vaticinios inconscientes que tantas personas soltaron sobre mi, sus creencias y sus miedos que despertaron mi “domingo siete”, como decían las abuelas, me cayeron de golpe.  En ese ...